Esto no conduce a nada

02/Oct/2015

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

Esto no conduce a nada

Algunos le llamarán «goteo». Otros, «relativa calma». Quizás «incidente aislado». Pero cuando el martes por la noche la batería anti misiles «Cúpula de Hierro» tuvo que ser activada para interceptar y destruir en el aire un cohete disparado desde la Franja de Gaza que estaba en camino a una zona habitada en la ciudad de Ashdod, nosotros pensamos, con preocupación, en la antesala de una guerra.
Claro, todo es relativo. ¿Qué son tres disparos en dos semanas, en comparación con 20 cohetes al día como ya hubo en otros momentos? Nada… ¿De qué se quejan en el sur de Israel?, preguntarán algunos que buscan no perder proporciones y que recuerdan días, semanas y meses de lanzamientos constantes. Pero nosotros preferimos analizar otra desproporción: entre la calma que debe caracterizar toda vida normal, y el terror que impone el sonido de la alarma que indica: dentro de unos segundos, el cohete caerá en algún sitio…y aún no se sabe dónde y sobre la cabeza de quién.
Israel respondió atacando blancos de Hamas en Gaza, ya que su política oficial es que la responsabilidad es de quien gobierna la franja. El problema es que Israel sabe que se convierte en blanco de los cohetes lanzados desde Gaza, tanto cuando Hamas los dispara como cuando Hamas prefiere detenerlos pero estos son lanzados por otros grupos dentro de la franja, que desafían al gobierno local intentando complicarlo con Israel.
Y esto impone serios dilemas porque claro está que las reacciones de Israel tras todos los disparos de las últimas semanas, tenían como objetivo decir «no nos quedamos callados», pero al mismo tiempo, elegían blancos con los que no se corra el riesgo de una abierta conflagración y nueva escalada.
Israel sabe claramente que Hamas se prepara para una nueva guerra, para cuando sienta que esta le sirve. ¿No es irresponsable que no actúe ahora para cortar los preparativos de Hamas a tiempo? Pero por otro lado… ¿podría permitirse lanzar una ofensiva de gran envergadura contra Hamas, sabiendo que la organización seguirá con su política de colocar a sus civiles en el medio, antes de que haya una intensa lluvia constante de cohetes sobre Israel?
¿Sería normal para cualquier país del mundo, contenerse hasta que la situación sea insoportable? ¿Es normal pensar que tres lanzamientos de cohetes en dos semanas es un ritmo «aguantable»?
Quizás para responder, ayudaría imaginar una situación: uno está sentado con su familia cenando, mirando televisión, o está en medio de la ducha…súbitamente suena la alarma… y se sabe que hay pocos segundos para refugiarse. Cuando hay suerte, se oye a la Cúpula de Hierro destruyendo el cohete en el aire. Cuando hay algo menos de suerte, como hace algo más de una semana en Sderot, el cohete cae y causa destrozos en una casa particular, aunque milagrosamente, la familia sale ilesa. Hasta la próxima vez…
Y a todo esto se suma la gran decepción del nuevo discurso del presidente palestino Mahmud Abbas (Abu Mazen) ante la Asamblea General de la ONU, sobre el que ya dijo días atrás que lanzaría «una bomba». En algún recóndito e irrealista lugar de nuestra mente nos hacíamos ilusiones: quizás acepte finalmente la invitación que el Premier israelí Benjamin Netanyahu formuló en distintas ocasiones, a iniciar de inmediato negociaciones directas. «Estoy dispuesto a ir ya mismo a Ramallah o donde sea necesario, para sentarnos a negociar», había dicho «Bibi» repetidamente. ¿Acaso eso significaba que todo estaba en camino a una solución? ¿Que Israel aceptaría todo lo que exigiría Abu Mazen? Claro que no. ¿Acaso toda la culpa del estancamiento, durante años, en el proceso de paz, es de los palestinos? No, tampoco.
Pero es un hecho que hace años la Autoridad Palestina esquiva los llamados a negociar y prefiere hacerlo, en realidad, con la comunidad internacional, para que sea ésta la que imponga a Israel concesiones, sin que los palestinos también tengan que hacer la suya, como ocurre en una mesa de negociaciones en la que ambas partes tienen que transar.
En la ONU, el Presidente palestino volvió a utilizar una tribuna mundial para presentar a Israel como un estado criminal y apartheid, para mentir sobre lo que ocurre en la mezquita de Al Aksa, ocultando que jóvenes musulmanes palestinos usan el lugar sagrado para lanzar piedras y botellas incendiarias hacia los judíos, y alegando que Israel «quiere convertir el conflicto de político en religioso».
Su gran bomba fue que no se verá comprometido por los acuerdos firmados con Israel. Eso alteraría sí las cosas para Israel, pero… ¿ayudaría en algo a los palestinos? En nada.
Por más que Abu Mazen haya besado emocionado la bandera palestina izada ayer en la ONU, como si los símbolos fueran más importantes que la esencia, no estará ayudando a su pueblo si no se sienta a negociar.